30 Oct ¿Qué es lo “normal” en un divorcio?
Esta pregunta, que puede parecer de fácil respuesta, es muy habitual en las consultas: Pero, en un caso así, ¿Qué es lo normal? ¿Qué suele decidir un juez? Y aquí es cuando solemos responder con la palabra mágica, que tranquiliza más bien poco: Depende.
Pero lo decimos por ser realistas. Depende de cada Juzgado, de las pruebas que tengamos, de cómo salgan los interrogatorios. Depende también de los cambios jurisprudenciales que vayan dándose. DEPENDE.
Ahora bien, hay una serie de máximas que deben cumplirse y que pueden aplicarse a prácticamente todos los casos. Atento, porque seguir una línea determinada en el momento de la ruptura y de la asunción de pactos puede ahorrarte muchísimos problemas de futuro.
Por encima de todo, hay que pensar en los niños
Esta máxima está por encima de cualquier interés que se dirima. Y debemos ponernos en la posición del juez, sabiendo que va a pensar básicamente en ellos. Esto es lo que se conoce como el mejor interés del menor, del que ya hemos hablado anteriormente. Así que, por ejemplo, la pensión de alimentos se decidirán teniendo en cuenta sus necesidades. O los tiempos de custodia con cada uno de sus padres.
Los lazos familiares deben mantenerse siempre
Salvo que existan causas de suspensión del régimen de visitas, conforme lo dispuesto en el artículo 94 CC, es importante que el menor mantenga sus lazos familiares.
Con un poco de imaginación, puedes conseguirse soluciones satisfactorias para todas las partes.
Por ejemplo, establecer progresividad. Es algo que suele convencer a las familias. Imaginemos que estamos discutiendo sobre el régimen de guarda y custodia de un menor lactante. Si pensamos con lógica, tiene sentido que al principio pase más tiempo con la madre. Pero, si el padre quiere y puede involucrarse en su cuidado, ¿Por qué poner trabas, si va a redundar sobre todo en beneficio de los niños?
Ser realistas
Si un progenitor cobra 1300 euros, y así lo percibía durante la relación, de nada sirve pretender una pensión de 1000 euros. Las pretensiones, si se quiere llegar a un acuerdo o bien tienen que exponerse y justificarse ante un Tribunal, tienen que ser lógicas.
La judicialización perpetua el conflicto
Ya hemos explicado con anterioridad que la sentencia no termina con el proceso ni con el conflicto. De hecho, en muchas ocasiones lo cronifica. En muchas ocasiones, con una sentencia satisfactoria en mis manos he tenido la sensación de saber que eso era el inicio de una guerra. Y no me he equivocado. Puede ser una guerra judicial, plagada de recursos, ejecuciones, modificaciones… Y también una guerra fría entre las partes. ¿Y sabéis quién acaba siendo la mayor víctima? Los menores que se ven implicados en el conflicto.
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