Las ventajas e inconvenientes de la casa-nido - Vilella Asociados
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Las ventajas e inconvenientes de la casa-nido

Las ventajas e inconvenientes de la casa-nido

Llevaba varias semanas sin escribir un post para el blog, pero es que la vuelta a la “nueva normalidad”, como esperábamos todos, ha resultado dura. Las consultas sobre nuevos procedimientos se han multiplicado, y a ello debemos sumar los que ya estaban iniciados y vuelven a reanudarse. De estas semanas, me ha llamado la atención una cuestión, y es que los clientes que toman la decisión de divorciarse o separarse quieren conocer más sobre el concepto “casa-nido”. Probablemente, hayan leído esta opción en foros, o se la haya comentado algún familiar o amigo. Pero en general, no tienen una idea clara de qué significa exactamente.

¿En qué consiste? Se da cuando la pareja, en régimen de guarda y custodia compartida, tiene una vivienda habitual y deciden que los que vivirán continuada en la misma serán los hijos, y ellos rotarán en semanas, quincenas, o en los tiempos que consideren. Así, se asegura estabilidad a los hijos, que no tienen que estar cambiando de casa cada cierto periodo de tiempo.

La casa nido supone un incremento de gasto para los dos padres, que tendrán, en general, que alquilar DOS segundas viviendas para los tiempos que deban salir de la vivienda familiar. Otros optan por vivir en casa de sus padres o algún familiar. Pero esto no es algo temporal, que tenga fecha de terminación, especialmente si los niños aún son pequeños, y puede convertirse en un engorro tener que volver a casa de nuestros padres hasta que nuestros hijos alcancen la independencia económica o hasta el momento en el que se venda la vivienda familiar.

Por otra parte, los roces entre ambos padres pueden incrementarse; imaginemos que uno de ellos es pulcro, metódico y ordenado y cada vez que deja la vivienda familiar limpia, recoge y llena la nevera. Al volver a la semana siguiente, se encuentra todo hecho un desastre y con la nevera vacía. Sin duda, a la tercera vez que esto ocurra saltará la chispa de la discusión. También puede ocurrir que uno realice un mayor consumo de suministros, o rompa un mueble o electrodoméstico.  De este modo, lo que en un principio ha podido decidirse pensando en el bienestar de los más pequeños, puede darse la vuelta y generar conflictos que les afecten de manera directa.

Vayamos más lejos; ¿qué ocurre cuando cualquiera de los padres (o ambos) rehace su vida y entra en discordia un tercero?. Si cada cierto tiempo debe desplazarse a la casa nido, la otra persona ¿debe hacerlo con él o ella? ¿Debe permanecer sola ese periodo en la segunda residencia? Suena un tanto lioso, ¿verdad? Efectivamente, así lo es, y no resulta descabellado pensar que todos los que se divorcian al tiempo rehacen sus vidas.

Mi opinión sobre esto, a nivel práctico, es que incluso en las exparejas mejor avenidas, acaba generando problemas. Y lo que más contribuye a los niños en su bienestar emocional es ver a sus padres bien, contentos, y que mantienen el mismo cariño por ellos a pesar de la separación, y no tanto un espacio físico. Cuando los padres viven en dos casas distintas y procuran que sus hijos tengan de todo en ambas, se reduce la sensación de “niño-maleta”.

Os dejo el enlace de una sentencia muy reciente del Tribunal Supremo que hace referencia a esta situación (STS 61/2020 – ECLI: ES:TS:2020:6116 de enero de 2020, Ponente: FRANCISCO JAVIER ARROYO FIESTAS) Enlace: http://www.poderjudicial.es/search/; se alega en este procedimiento que la casa nido “no es compatible con la capacidad económica de los progenitores, que se verían obligados a mantener tres viviendas (la de cada uno y la común), unido a la conflictividad que añadiría el buen mantenimiento de la vivienda común”. Ante ello, el tribunal Supremo manifiesta que “la rotación en la vivienda familiar no es un sistema que vele por el interés de los menores, ni es compatible con la capacidad económica de los progenitores”.

Ante esta situación, ¿qué otras opciones existen? Hay que estar a las circunstancias de cada caso, por supuesto, pero otra posibilidad es proceder a la venta de la vivienda familiar y repartir el beneficio. Otra posibilidad es otorgar el uso durante un periodo limitado al progenitor que menos capacidad económica tenga. Lo ideal, como siempre, es optar por una vía consensuada para evitar dilatar el procedimiento, con todo el sufrimiento que ello conlleva.

 

 

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