La importancia del orden de los apellidos - Vilella Asociados
16384
post-template-default,single,single-post,postid-16384,single-format-standard,bridge-core-1.0.6,ajax_fade,page_not_loaded,,qode-theme-ver-18.2,qode-theme-bridge,disabled_footer_bottom,wpb-js-composer js-comp-ver-6.0.5,vc_responsive
 

La importancia del orden de los apellidos

Orden de apellidos

La importancia del orden de los apellidos

 

Los apellidos nos definen como personas sociales. Los hay más comunes, más originales; incluso hay gente a la que se le reconoce por su apellido en sus círculos sociales y personales, y no por su nombre. Por todo ello, cualquier cambio en el orden de los mismos puede generar problemas a nivel social, personal, y por supuesto a nivel administrativo. Si un niño se ha desarrollado de manera habitual con un nombre y unos apellidos, por su interés, lo idóneo es que las cosas continúen como están. De manera resumida, esto es lo que viene a decir la reciente Sentencia del Tribunal Supremo de 30 de noviembre de 2020 (Ponente: Don José Luis Seoane Spiebelberg), que vamos a analizar hoy.

¿Qué problema se plantea con el orden de apellidos?

 

En este caso concreto, se reconoce en Primera Instancia la filiación no matrimonial de una menor (Sandra) y su padre (Eusebio), por ser éste el padre biológico de la niña. Por ello, solicita un cambio en el orden de los apellidos, ya que cuando nació, la madre registró a la pequeña Sandra con el apellido materno en primer lugar. Tanto el Juzgado de Primera Instancia como la Audiencia Provincial admiten este cambio de apellidos. En ambas instancias se considera  que no afecta negativamente a la menor. Es decir, solicitan que, dado que se ha reconocido biológicamente al padre, la menor debe ostentar su apellido en primer lugar. Y en segundo lugar, el de la madre, como habitualmente se ha hecho.

Este conflicto llega al Tribunal Supremo, que tiene un criterio unificado en esta cuestión: el criterio para elegir el orden de los apellidos ha de ser el interés del menor. Como siempre sucede, lo que es beneficioso para un niño no tiene por qué serlo para otro. Así que habrá que estudiar caso por caso.

En este caso concreto, cuando esta cuestión se resuelve, Sandra cuenta con la edad de siete años. Con esa edad, el primer apellido ya se ha consolidado; la reconocen en el colegio, cuando va al médico, su entorno social… Por tanto, realizar un cambio a estas alturas podría constituir un problema de identidad para ella. Es decir, el reconocimiento tardío de la paternidad no casa con el mejor interés de la menor.

Algunos factores que pueden tenerse en cuenta son el tiempo transcurrido desde que se registró al menor, cómo se le conoce en sus entornos más cercanos o si está o no escolarizado. En el mismo sentido se pronuncia la Sentencia del Tribunal Supremo de 17 de enero de 2018 (Ponente: D. Antonio Salas Carceller).

La importancia de los apellidos

 

Tanto el nombre como los apellidos son un elemento constitutivo de nuestra identidad y nuestra vida privada. Su protección está consagrada en el artículo 7 de la Carta de Derechos Fundamentales de la Unión Europea. Y el derecho al nombre se encuentra recogido en el ámbito del derecho fundamental a la propia imagen del artículo 18 de la Constitución Española.

Con el fin de avanzar en la igualdad de género, desde el año 2000 la ley permite que los niños puedan inscribirse con el apellido de la madre en primer lugar. Pero dicha inscripción debe realizarse inmediatamente después del nacimiento. De hace unos pocos meses, la influencer María Pombo contaba en las redes sociales la posibilidad de poner en primer lugar su apellido a su hijo. La razón era que, al ser tres hermanas, su apellido podría perderse. Pues si los padres se muestran conformes en alterar el orden de los apellidos al registrar a su hijo, no hay mayor problema.

El artículo 109 del Código Civil lo permite: “Si la filiación está determinada por ambas líneas, el padre y la madre de común acuerdo podrán decidir el orden de transmisión de su respectivo primer apellido, antes de la inscripción registral. Si no se ejercita esta opción, regirá lo dispuesto en la Ley”. Y como ya sabemos, la ley determina que el apellido paterno ocupará la primera posición.

El orden de los apellidos que se elija para el hijo mayor deberá utilizarse también para las inscripciones de nacimiento de hermanos que nazcan con posterioridad. Y si al cumplir los 18 años desea cambiar el orden de sus apellidos, podrá hacerlo sin problema.

En conclusión: si no se aprecia un beneficio para el menor que va a verse sometido al cambio de apellido, lo mejor es dejar las cosas como están, manteniendo el orden de apellidos que se haya registrado y con el cual el o la menor se sientan cómodos e identificados. Pero si deseáis registrar a vuestro hijo con el apellido de la madre primero, debéis saber que la ley no pone ningún impedimento.

No Comments

Post A Comment

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Follow us on Social Media